Asociación de Madres y Padres de Día de Castilla y León

Un Ritmo Anual Sano

“Los seres humanos somos seres rítmicos. La palabra ritmo tiene su origen en Grecia y significa fluir, ir adelante. El ritmo es lo que nos permite entender el tiempo y nos permite estar en la vida. Gracias a que tenemos un ritmo cardíaco, respiratorio estamos aquí. Desde antes de nacer estamos inmersos en el mundo del ritmo, a través del latido de nuestra madre; y luego a través de esta primera inspiración que nos permite entrar en el ritmo respiratorio; en la contracción cuando inspiramos y en la expansión cuando expulsamos el aire…” (Sandra Chandía).

El ritmo anual, supone la experiencia de ritmo más larga para el niño/a. En el sucesivo devenir de las estaciones del año, nos situamos ante una fuente natural amplia de experiencia rítmica. Esta vivencia en contacto directo con la naturaleza provee al ser humano de un verdadero despliegue de conocimiento, unión y amor a la tierra. Sólo a través de este contacto íntimo, cotidiano y repetitivo con los elementos naturales hacemos posible un verdadero sentimiento de veneración y respeto hacia la naturaleza y hacía nuestro ritmo interno.

Los seres humanos vivimos en el mundo del ritmo porque somos parte de la naturaleza y esta también tiene su ritmo cíclico. El ritmo lunar, el ritmo solar y de todos los astros. Es la celebración con reconocimiento y respeto del ritmo de la naturaleza y sus cambios de estaciones la que organiza de forma rítmica el año.

Podemos ofrecer a los niños y a las niñas una vida más natural, saludable y consciente. Vivenciando un  ritmo saludable como personas adultas colaboramos intensamente hacia un desarrollo integral, armónico y social en el niño y la niña.

El ambiente exterior trasladado al interior del hogar de la madre de día,  impregna y potencia en el niño/a la vivencia de ritmo anual. Cambia, nuestras costumbres, necesidades, alimentación, creaciones artísticas, repertorio poético-musical y materiales utilizados; en relación a la estación del año en la que nos encontramos.

En este largo ritmo anual también tenemos celebraciones sociales que nos conectan con la comunidad y que formarán parte de nuestra identidad dentro la familia, la comunidad, el mundo. Celebraciones de cumpleaños, familiares, fiestas locales,  tradicionales, iniciáticas, religiosas…Tan diferentes en cada lugar y en lo más profundo tan iguales…

Primavera, verano, otoño, invierno. La naturaleza y la vida es un proceso que nunca acaba, que no se puede estancar y que tiene un simbolismo energético. Las culturas primitivas honraban esta Rueda o el Ciclo del Año y celebraban los sabbat,  fechas sagradas ligadas a la siembra y cosecha de los campos.

Se celebran 8 sabbats: cuatro de estos días (especialmente sus noches) están determinados por los solsticios y equinoccios -los comienzos astronómicos de las estaciones- y los otros cuatro están basados en el ciclo lunar y en antiguas fiestas populares .

Imbolc, Beltane, Lammas y Samhain. Ostara, Litha, Mabon, Yule.

Estamos en primavera, época de Ostara y de Pascua.

Ostara es la divinidad de la primavera radiante . Es luz, un espectáculo que trae alegría y bendición .Significa “sol que se eleva” y proviene de la mitología teutónica,  concretamente de la diosa ‘Eástre’’. Los cristianos, adoptaron esta fecha con el nombre de “Easter” que en inglés significa ‘Pascua’.

El domingo  después de la primera luna llena de primavera, cada año los celtas  celebraban el festival “Lady Day”, en algunos lugares ahora celebramos la Pascua.

En cada muerte ya está el germen para una nueva vida. Esto nos enseña la naturaleza. En otoño caen las hojas viejas y las fuerzas vitales se retraen. La fruta madura puede servir de alimento o pudrirse. Dentro de ella están las semillas nuevas de las cuales puede brotar nueva vida.

 En el reino animal tenemos la oruga que teje y se encierra en su capullo para más adelante salir convertida en mariposa. Ya en los misterios antiguos este hecho en la naturaleza fue una imagen para la vida eterna.

Tras el frío y la oscuridad del invierno, llega la primavera. La luz regresa, aparecen brotes en los árboles, las flores comienzan a crecer y aparece vida nueva. Las aves incuban nidos llenos de huevos y pequeños gazapos y lebratos mordisquean la primera hierba verde. Es el nuevo crecimiento, el renacimiento del mundo, que también se celebra en nuestra cultura con la Semana Santa, que viene a ser un reflejo de nuestro propio potencial de transformación interior.

Los símbolos que nos acompañan en esta época son: la liebre,  imagen del altruismo. En leyendas y sagas se nos habla de como la liebre se pone en el lugar de sus congéneres, se sacrifica por ellos cuando son perseguidos para salvarlos. El huevo, lleva dentro de sí el germen de una vida nueva, un nuevo desarrollo, la imagen de un comienzo. En la Kalewala, una canción épica finlandesa, se dice que el mundo nació de un huevo. De la parte de arriba se formó el cielo, de la de abajo la tierra, de la yema el sol y de la clara la luna. La semilla es también un símbolo de morir para nacer.

Con los niños y las niñas la llegada de la primavera  es un acontecimiento maravilloso. Es bonito ir haciendo, semanas antes de la celebración propia de esta época del año, preparativos en los que sean partícipes;  salidas al exterior a observar y recoger flores y hojas; preparar nuestros jardines, balcones y plantas. Corros, canciones, limpiar y preparar la casa. Montar nuestra mesa de estación. Decorar huevos, plantar semillas en los jardincitos para que luego la liebre deposite los huevos y juntos vivir la fiesta de una manera armoniosa y mágica. Contar un cuento de primavera. Y celebrar un día de  fiesta como llevamos haciendo desde tiempos antiguos.

El ritmo es salud, es vida y a través de él sanamos nuestro cuerpo.

Belén Álvarez Alonso. “Liebrecita Blanca” Madre de día Waldorf. Valladolid

Mis fuentes de inspiración para escribir este artículo han sido los siguientes libros y alguno más:

  • «Los tres primeros del niño» karl Köning. Ed. Rudolf Setiner.
  • «El primer Septenio», la educación preescolar según las enseñanzas de Rudolf Steiner. Varios autores. Ed. Rudolf Steiner.
  • «Pedagogía waldorf» Una educación hacia la libertad. Frans Carlgren. Ed. Rudolf Steiner.
  • «Educación en Verde» Ideas para acercar a niños y niñas a la naturaleza. Heike Freire. Ed. Grao.
  • «El arte de poner límites» Sonia kliass. Ing Edicions.
  • «El niño bien equilibrado» Sally Goddard Blythe. Ing Edicions.
  • «La Liebrecita  Blanca» Cuento ilustrado. Ing Edicions.
  • El trasfondo Espiritual de las fiestas Cristianas». Charles Kovacs. Ed. Artaban
  • «Neopaganismo: El renacimiento de la antigua religión» Harita Meenee. Ellago ediciones.
  • «Mitología celta y nórdica» Alessandra Bartolotti. Ed. Swing.
  • «Diosas Celtas» Mitos  religión y leyendas. Manuel Alberro. Ed. Dilema.
  • «Mujeres que corren con Lobos» Clarisa Pinkola Estés. Ed. Maxi.
  • Las enseñanzas de mis  maestras: Inés Gámez, Sandra Chandía, Tamara Chubarovsky.  
  • La observación  del trabajo anual desarrollado por mis compañeras/os de profesión Madres y Padres de día.
  • Los Claustros pedagógicos de La Asociación Española  de Madres y Padres de día Waldorf. 
  • Las reuniones en La Asociación de Madres y Padres de día de Castilla y León.
  • El ritmo anual de los jardines Waldorf.  
  • El grupo de trabajo pedagógico de la sección de jóvenes antroposofía.
  • Laia y su currículum de crianza cíclica «Casa de Luna».
  • Mi abuela Felisa transmisora de creencias,  buenas costumbres y rituales.
  • Mi madre Monchi, creadora de hogar allí donde vivimos por toda la geografía española.
  • Mi hija Lucía, mi gran maestra desde su nacimiento.

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