Asociación de Madres y Padres de Día de Castilla y León

EL Caos en el Orden

Nuestra actual civilización se ha encargado de que el hombre moderno se ocupe de ordenar el mundo a gran escala. Por lo que el caos se considera sinónimo de desorden e irracionalidad, frente al orden que nos transmite tranquilidad y sosiego. De ahí que asociemos lo caótico con algo negativo, y el orden con lo positivo.

Dentro del mundo adulto esta premisa podría valernos, y de hecho nos ayuda a gestionar mejor nuestro espacio, e incluso a menudo, se tiende a pensar que el orden o desorden de nuestra casa refleja en gran medida nuestro mundo interior, nuestros sentimientos y estado anímico, es un fiel reflejo de nuestra personalidad. Sin embargo,  en el mundo de la infancia el caos va  unido al aprendizaje, un caos sostenido es el marco de un ambiente propicio para el desarrollo de las habilidades sensoriales, motoras y emocionales de los niños.

El caos que se genera de forma natural  a través del juego libre, es producto de la curiosidad y la creatividad innatas de los niños. Su mundo interior está deseoso de conocer todo lo que le rodea, por ello necesitan aprender  a través de experiencias donde se les permita manipular los objetos. De este trance necesario nace ese “caos”, que poco a poco con el paso del tiempo se irá ordenando primero en su interior, en su mente, y después se verá por fuera.

 Al reflexionar sobre  esto nos damos cuenta de que este paso es inevitable y también positivo, comprendemos que dentro de ese caos, hay un orden maravilloso, un orden que permite crecer, evolucionar, satisfacer las necesidades de los niños, les permite  conocerse a sí mismos…

Sería estupendo que mientras acompañamos a los niños en su crecimiento entendiéramos la diferencia que existe entre respetar ese caos del orden y consentir una ausencia total de normas hacia el orden de los juguetes, la ropa, los muebles, etc… Porque nada tiene que ver dejar al niño jugar en libertad y de forma segura, a dejar al niño tirar las cosas, romperlas, desordenar y dejar los juguetes donde le apetezca. Tengamos claro que respetar el juego libre no significa tener ausencia de normas.

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